Tove Jansson. La contemplación del mundo y sus misterios revelados

Tove Jansson. La contemplación del mundo y sus misterios revelados
Por Luisa Ocaranza P.
Doctora en Literatura

 

Si tuviera que definir a Tove Jansson en dos palabras, diría que fue una “artista total”, ya que se trata de una creadora excepcional cuya obra desborda cualquier intento de clasificación. Aunque con frecuencia se la lee solo como gran referente de la literatura infantil —sobre todo por el fenómeno que son los adorables y lúcidos Mumin—, su producción literaria y artística va mucho más allá de esa conceptualización algo reduccionista. En ella conviven profundidad, refinamiento y una sensibilidad inigualable, que revelan un largo proceso de exploración y comprensión del ser humano y la sociedad.

Para entender a cabalidad a esta formidable artista es preciso saber que creció en un entorno marcado por lo que llamaba “Búsqueda artística”, uno de los ejes de su creación. Su madre era diseñadora y su padre, escultor. Y si bien tuvo una formación universitaria en Bellas Artes, Dibujo y Diseño, un punto relevante es su participación en las llamadas Escuelas de Artes Libres, espacios de aprendizaje que no siguen una matriz académica habitual, abriéndose a una apuesta integrativa del Arte y la Estética. De allí surgió esa vocación que durante su vida se expresó en un trabajo constante en diversos formatos, ya que fue pintora, muralista, ilustradora y escenógrafa teatral. Su literatura también es fruto de este proceso que supone buscar y experimentar en pos de la palabra, la imagen o la pincelada justa. Por ello, sus obras —novelas, cuentos, poesía, ensayos, teatro— siempre desbordan y desafían los cánones establecidos.

Esa mezcla de delicadeza y lucidez se manifiesta por completo en El libro del verano (1971), una obra de minimalismo exquisito. A partir de la relación entre una niña llamada Sofía y su abuela, mientras están en una isla del archipiélago finlandés, la autora compone un relato lleno de dulzura, humor y una mirada penetrante que va más allá de las anécdotas estivales. Lo que podría ser un libro de simples aventuras familiares durante unas vacaciones se convierte, tras un viaje de Jansson a Japón y su encuentro con una concepción más contemplativa de la naturaleza, en un ejercicio de descubrimiento del Cosmos. Así que mientras acompañamos a las protagonistas no solo podemos apreciar cómo construyen y fortalecen sus vínculos, sino que también comenzamos a comprender que en esta novela la Sabiduría ancestral y sus procesos de traspaso y aprendizaje son esenciales.

La escritora nos recuerda a cada paso que el saber no se adquiere: se forja. Se forja en las conversaciones con quienes nos acompañan, en los silencios que permiten escuchar nuestro entorno, en el privilegiado espacio de una isla donde lo visible y lo invisible dialogan. Por esta razón, en El libro del verano, no hay temas prohibidos. La muerte de la madre de Sofía, por ejemplo, aparece tratada con una delicadeza que jamás renuncia a la honestidad. Jansson se acerca al dolor sin artificios, roza lo trascendente desde una honestidad propia de una buscadora eterna. Y para lograrlo, recurre a un recurso interesante: el binomio Ausencia/Presencia, que permea toda la novela. La ausencia es asumida y comprendida a través de la gestación y presencia de nuevas realidades. En esta historia donde la Madre Ausente se presiente en cada gesto, la Naturaleza emerge como una figura materna distinta: una “Madre Cósmica”. Es una presencia viva que resguarda, enseña y guía; un paisaje que no solo se contempla, sino que se escucha. Así, lo visible —la luz sobre la roca, el rumor del mar, la vibración del bosque— aporta belleza, pero lo invisible, aquello que se insinúa en los ritmos del cosmos, es lo que sostiene el verdadero aprendizaje del alma.

Un aprendizaje que es un viaje, una verdadera escalada espiritual que posee tres etapas muy definidas. La primera de ellas es Ver. Aprender a ver. Frente al reduccionismo habitual en el que vemos solo lo que buscamos o deseamos ver, Jansson extiende la invitación a observar de manera diferente, a ver realmente el Todo y no solo lo individual. Luego, la segunda etapa es el Asombro. El asombro producido por la búsqueda, la curiosidad y el descubrimiento. Es el momento en que la naturaleza deja de ser un paisaje para convertirse en un territorio de revelación como sucede con el Bosque Encantado que Sofía descubre en la isla, herencia ancestral y territorio de maravillas que tendemos a olvidar en la adultez. Asombrarse es reaprender, volver a conectar con esa sabiduría antigua que mora en cada uno. Y, por último, tras el despertar, la Contemplación. Una tercera etapa en la que la nueva mirada y el asombro nos conducen por un camino donde la belleza y potencia sacra de la Naturaleza no solo se aprecia o valora, sino que se comprende.

Por esta razón, la isla donde transcurre la novela es también un símbolo importante. Representa la búsqueda del centro interior de la propia existencia, que nos ayuda a comprender lo que somos y, al mismo tiempo, la morada que cobija, el espacio de contención del alma. Es un espacio donde los ciclos vitales —la vida y la muerte, la plenitud y la pérdida— encuentran armonía con los ritmos del universo. En la isla, como en la vida, todo fluye. Allí, en la unión profunda entre ser humano y naturaleza, Jansson nos interpela e insiste: solo en libertad podemos descubrir quiénes somos realmente.

Esa libertad que es otro principio esencial de su propuesta artística. “Nada es inmutable. También se necesita la libertad de cometer errores, empezar de nuevo y probar algo nuevo” afirmó en una entrevista concedida en 1977. Para aprender a ver, para llegar al asombro, para contemplar, necesitamos ser libres. Necesitamos liberarnos de los cánones y las estructuras que nos detienen o anquilosan. Su proyecto creativo se afianza en el Descubrir y Descubrirnos: entender quiénes somos y quiénes estamos llamados a ser. Haciendo del arte una vivencia, una vía hacia la revelación del propio ser. Sofía y su abuela son reflejos de esa plena comunión que es posible y urgente en nuestros días. Un verano inolvidable, a decir verdad.

Otras obras recomendadas:

  • Mumin: Su más célebre creación y verdaderos clásicos (incluso tienen un parque temático) ¿Qué leer? En la actualidad están disponibles las colecciones completas de sus tiras cómicas, que son formidables para conocer un poco a estos célebres personajes. Y para quienes se animen con las novelas recomiendo La llegada del Cometa, en la que se funden el cuento maravilloso y la desbordante inventiva de Jansson.
  • La verdad increíble. Una novela que parece sencilla, pero fiel a su estilo, Jansson vuelve a interpelarnos ¿La verdad y la mentira tienen realmente límites insoslayables? Como siempre digo, un libro que abre camino al diálogo tan necesario.

 

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El libro del verano
Traducción de Carmen Montes Cano
Editorial Minúscula, 2021, 184 páginas
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