Margarita Liberaki. Las voces del anhelo cotidiano

Margarita Liberaki.  Las voces del anhelo cotidiano
Por Luisa Ocaranza P.
Doctora en Literatura

 

La novela de Margarita Liberaki se inscribe en la gran narrativa contemporánea griega como una obra de formación y, al mismo tiempo, como una indagación profunda en el misterio de ser mujer. Lejos de ofrecer una imagen única o canónica de lo femenino, el texto despliega una galería de figuras diversas, contradictorias y luminosas, en las que se encarnan la rebeldía, la sumisión, el deseo, la soledad y la búsqueda de sentido. Desde esta perspectiva, la novela no solo narra el tránsito de unas adolescentes hacia la madurez, sino que nos interroga sobre lo que significa realmente construir la propia identidad en un mundo marcado por mandatos sociales, silencios heredados y subordinaciones que inmovilizan.

Por ello, el “misterio femenino” como lo llama la escritora, aparece íntimamente ligado a la experiencia de la libertad. Liberaki demuestra que ser libre no es un ideal o una condición sin consecuencias: exige decisiones, pérdidas y renuncias. La abuela polaca, la tía Teresa, Caterina, María, Infanta y otras figuras del relato encarnan distintas respuestas frente a esa tensión entre independencia y aislamiento, entre vida elegida y una existencia impuesta. La novela reafirma que la mujer no puede reducirse a un modelo impuesto por las instituciones y la sociedad, pues la identidad se construye en el encuentro o tensión con el otro a partir de las expectativas que nos circundan y los anhelos personales.

Destacable sin duda alguna es cómo la obra convierte el arte en una forma de vida. Liberaki, que fue también pintora, traslada a la escritura una mirada plástica y sensible que transforma cada escena en una experiencia estética. El paisaje, los objetos, los gestos mínimos y la relación con la naturaleza dejan de ser simples escenografías y se convierten en lenguajes de comprensión del mundo. El arte, en esta novela, no reproduce la realidad como una simple copia de esta; la vivifica, la remueve y la torna profundamente significativa. Y desde esta mirada, la creación va unida a la memoria, al cuerpo y a la intuición. Escribir es una manera de resistirse al vacío, de recordar y de buscar la unidad interior ante la fragmentación continua del ser humano.

En “Tres veranos”, Liberaki nos propone una lectura delicada y poderosa de la existencia: vivir es aprender a mirar, a elegir y a transformarse. En esa prodigiosa metamorfosis reside tanto el misterio femenino como la potencia del arte.

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Tres Veranos
Traducción de Laura Salas Rodríguez
Editorial Periférica, 2022, 328 páginas
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